El río Manzanares, nace en el ventisquero de la Condesa (2010 m.) El río Manzanares es un afluente del río Jarama. Nace en el ventisquero de las Guarramillas -la Sierra de Guadarrama- y pasa por Madrid. Su longitud es de 83 Km.
Al principio baja como curso bravo de montaña, de aguas limpias y torrenciales, hasta Manzanares el Real (908 m.) en donde se remansa, debido al embalse de Santillana. El río Manzanares forma parte de la vertiente meridional del Sistema Central, al pie de La Pedriza, por lo que mantiene una abundante escorrentía superficial en su sector más elevado, que canaliza a través de una red de arroyos que forman su cabecera. Las variaciones de caudal que sufre el río a lo largo del año revelan que los aumentos y disminuciones del volumen de agua que discurre por el lecho no son muy importantes ni frecuentes comparado con otros ríos de la península, lo que en parte es debido a la regulación introducida por las dos presas hidráulicas (embalses de Santillana y de El Pardo) que se han realizado en este río.
La vegetación, escasa en su nacimiento debido a la alta montaña, se va convirtiendo en un bosque de galería. En cotas menores aparecen abedules, sauces y chopos y dan cobertura a anfibios como la rana ibérica, endemismo peninsular, salamandras y aves como el mirlo acuático, el martín pescador, la lavandera o los ruiseñores. Los peces están representados por truchas, barbos y un endemismo ibérico, el calandino, en el tramo medio del río.
LAS PISCINAS NATURALES DEL RÍO MANZANARES. Escondido entre los riscos rosáceos de granito que caracterizan a La Pedriza, fluye el río Manzanares. En este parque natural el río conforma decenas de pozas de agua fresca y cristalina que son aprovechadas por miles de madrileños a lo largo del verano.
Su cercanía a la capital, a tan sólo 50 kilómetros de Madrid, convierte al Manzanares a su paso por La Pedriza en una de las playas fluviales más concurridas de la Comunidad. Y en área favorita del turismo dominguero.
Sin embargo, y a pesar de las aglomeraciones del fin de semana, siempre se pueden encontrar enclaves recónditos, río arriba, donde refugiarse de las numerosas familias que hasta allí se desplazan con la casa a cuestas: mesa, sillas, tarteras y radiocasete.
Las innumerables pozas cambian de lugar cada año por el corrimiento de las piedras. Las más visitadas por los bañistas son las más accesibles que, escondidas entre sauces, chopos y arraclanes, se suceden desde el aparcamiento de la zona conocida como «Canto Cochino» (1025 m.) hasta la parte más baja de La Pedriza, en «el Tranco» (960 m.).
El lugar de baño por excelencia es la «Charca Verde», que con 15 metros de diámetro es la piscina natural más grande del lugar. Para llegar se deben caminar unos tres cuartos de hora desde el aparcamiento de «Canto Cochino».
Para los montañeros que quieran combinar una jornada de senderismo y un chapuzón, el parque les recomienda el itinerario: de «Canto Cochino» a Los Chorros del Manzanares. Se trata de una ruta de 10,4 kilómetros trazada junto al cauce y tiene una duración aproximada de cinco horas (ida y vuelta). El paseo discurre por una senda en constante ascenso.
PRECAUCIONES.- El fondo del río, que no cubre en estas zonas, es muy resbaladizo y es recomendable entrar al agua asegurando los pies. También es aconsejable introducirse despacio en las aguas para evitar un brusco cambio de temperatura: el agua procede del pico La Maliciosa, en la sierra de Guadarrama, a 2.010 metros de altitud.