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La luz no es sino una mezcla de radiaciones electromagnéticas de frecuencias distintas. Cada color es una radiación con cierta frecuencia particular, y no todos penetran en el agua de mar de la misma manera. Así, los colores rojos son los primeros en desaparecer, mientras que los últimos son los verdeazules. Cuando vemos un objeto de un color determinado, es porque su superficie refleja radiación luminosa corresponde a ese color. La vida en el océano se ha adaptado a estas peculiaridades, y así, como un ejemplo curioso, muchos peces de aguas profundas son de color rojo, ya que a cierta profundidad, la luz roja ya no penetra y no puede reflejarse sobre su cuerpo, por lo que son casi invisibles y lucen negros y sin contraste. Los carotenoides, responsables del color rojo, absorben casi totalmente la radiación de la mayoría de los órganos luminiscentes de los peces de aguas profundas, con lo que son invisibles hasta para los peces con "linterna". Pero la evolución ha llevado a que algunos de estos órganos luminiscentes emitan luz roja, con lo que los peces rojos se iluminan como un faro, mientras que el cazador, de color negro, permanece casi invisible.
El esquema de la derecha trata de mostrar la profundidad hasta la que penetran los distintos colores del espectro visible. Se puede observar cómo los rojos no pasan de los primeros metros y los azules alcanzan profundidades mayores.